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December 19, 2000
LA GUIA
Artistas y compania: belen blanco
Mabel Itzcovich
Kleines Helnwein - "No soy muy sumisa"
Ganó un premio ACE por su papel en Kleines Helnwein, donde encarna a una niña abusada. Admite que le gustan los personajes femeninos fuertes.
Su gato siamés trata de robar cámara en la sesión fotográfica: extiende su cuerpo como su dueña, se para donde le indica el fotógrafo, mira al objetivo con sus ojos verdes. O deambula llamando la atención por el luminoso departamento donde computadora, libros y revistas expresan el ordenado desorden de esta actriz de 25 años que obtuvo el premio ACE a la actuación en espectáculo off por su labor en Kleines Helnwein, y una invitación para participar con esa obra en el festival Grec 2001, de Barcelona.
- ¿Cómo te preparaste para esta carrera?
- No tengo una carrera sustentada en la exposición, porque me parece que eso es muy difícil de mantener. Me interesa la interpretación y para eso sí hay que estar preparada y tener objetivos definidos.
¿Cuáles son esos objetivos?
Congeniar lo que pienso y lo que creo con lo que considero conveniente. Cuando se enfrenta la actuación hay que hacerlo con una identidad clara y formada.
- ¿Cómo sería?
- Quiero que me conozcan por lo que hago; no por cómo me visto, cómo es mi casa, si tengo un auto o si tengo novio. Es que al principio tuve que transar con cosas que no me gustaron del todo.
- ¿Qué te gustó de la obra Kleines Helnwein, por la que te premiaron?
Es un alegato contra el autoritarismo contado desde la perspectiva de una niña mujer, abusada de chica, que se transforma en una especie de monstruo.
- ¿Fue difícil?
- Trabajé muchísimo y aunque no era un unipersonal, mi personaje era predominante. Me ejercité al cien por ciento con la voz, el cuerpo, la imaginación y con mucho material asociativo.
¿Cuánto tiempo?
Fueron tres meses de ensayo y nueve de función. Me interesó la intimidad del personaje porque está todo el tiempo sola, con juegos muy perversos, en un universo frío y crudo. Me atraía cómo abordaba la infancia como un lugar muy siniestro, en medio de una sociedad muy hipócrita, parecida a la argentina.
- Fue una prueba dura.
Por lo menos compleja de sostener, porque estar sola en el escenario durante 45 minutos me daba miedo, pero me permitió hacer un trabajo con muchos matices.
- ¿Hay un antes y un después de esa obra?
- Me dio confianza como actriz
¿Te cambió en algo?
- No sé si me cambió pero me puso en un lugar difícil porque interpretar una obra que está llena de dolor me dejaba destruida. Creo que todavía me siento en la vorágine. Cuando estoy en una obra no me guardo nada. Me entrego. Soy actriz porque me da la posibilidad de transformarme en otra, y eso es maravilloso.
- ¿Quién sos vos y quién es la otra?
- Yo soy a veces inteligente, otras inocente, otras atropellada y otras muy frágil.
- Y en la actuación, ¿sos diferente?
La interpretación pone sus límites; es una protección.
- ¿Qué sentiste cuando te dieron el ACE?
- Fue como un vértigo y luego un alivio, porque era el reconocimiento a un trabajo duro de sostener.
¿Era la primera vez que te premiaban?
Sí, y me sentía muy tímida al subir al escenario. Siempre pienso que me voy a caer, tengo fantasías de todo tipo. Pero subí y me olvidé de todo, estaba contenta. Fue también una caricia al ego.
- ¿Qué personajes te gustaría encarnar?
- Ana Karenina, Juana de Arco, Lady Macbeth, los de las obras de Chejov; me encantaría llevar a escena el cuento de Borges, Emma Zunz.
Son personajes femeninos fuertes.
- Es que soy una personalidad salvaje; no soy muy sumisa. Me gustan los personajes extremos.




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